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Coccothrinax moaensis
En horticultura, esta llamativa Coccothrinax de tamaño mediano es bastante desconocida desgraciadamente, tal vez por la falta de material de propagación y por su hábitat lejano. Es nativa de tan sólo unas pocas zonas del este de Cuba, en la región de Moa y Maguana, donde viven en un clima caliente y húmedo y está confinada a suelos provenientes de roca serpentina. Dichos suelos tienen un elevado contenido de elementos pesados (Moa es una zona de extracción de níquel) que los convierten en tóxicos para la mayoría de las plantas y que normalmente producen una vegetación muy variada con muchas especies altamente adaptadas y endémicas. Muchos entusiastas de las palmeras también conocerán este tipo de vegetación originaria de Nueva Caledonia, donde también existen varias palmeras que crecen sólo en serpentina. Descrita por primera vez en 1971 por los botánicos Attila Borhidi y Onaney Muñiz como Coccothrinax yuraguana ssp. moaensis, Muñiz decidió más adelante que la palmera tenía las suficientes diferencias para considerarse una especie diferenciada por derecho propio. Tiene un tronco esbelto y solitario, envuelto por fibras hirsutas y muy apretadas de las vainas de las hojas. Las hojas son inconfundibles, planas, completamente circulares, de hasta 80 cm (30 pulgadas) de diámetro y profundamente separadas en unos 20 segmentos con forma de V, gruesas y rígidas, con las puntas redondeadas. Sus profundas divisiones, hasta prácticamente la base de la hoja, los segmentos y su perfil circular le dan una apariencia de molinete y la convierte en una planta muy decorativa. En cultivo, tarda en establecerse, pero no tiene dificultades para crecer en los climas tropicales y templados si tienen sol y si el sustrato drena bien.
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